Mensaje del Presidente Juan Manuel Santos

 

 

 

Mensaje del Presidente Juan Manuel Santos al XXI Congreso Latinoamericano de Trasplantes, reunido en Cartagena

 

Bogotá, 22 mar (SIG). "Antes que nada, quisiera excusarme por no haber podido asistir en persona a esta instalación, tal como era mi deseo y mi intención, pero diversas situaciones en la agenda de gobierno, empezando por el invierno que ha vuelto a golpearnos con toda su fuerza, me obligaron a cancelar el viaje.

 

No obstante, quiero aprovechar este medio audiovisual para saludarlos y expresarles el mensaje que tenía previsto decirles en directo.

 

Han pasado 8 o 9 siglos desde cuando se habló por primera vez de un trasplante en el mundo.

 

Me refiero a la historia -que ustedes conocen muy bien- de San Cosme y San Damián, representada en la famosa pintura de Fernando del Rincón.

 

Se dice que dos hermanos médicos -mártires de la Iglesia que vivieron en el siglo tercero- realizaron, después de muertos, un milagro sin precedentes.

 

Según la leyenda -que se sitúa en los siglos doce o trece- los santos se aparecieron en sueños a un hombre que tenía una pierna infectada, y, apiadándose de él, tomaron la pierna de un esclavo que acababa de morir y se la trasplantaron al enfermo, quien despertó con una doble sorpresa:

 

La primera -muy positiva- era que estaba curado, pues ahora tenía una pierna sana en lugar de la gangrenada.

 

La segunda sorpresa -difícil de asimilar para el paciente, que era blanco como la leche- era que había amanecido -¡imagínense ustedes!- con una pierna negra, pues el donante era de ese color.

 

Por fortuna, los tiempos evolucionan, y hoy por hoy los médicos que realizan trasplantes hacen mayores esfuerzos para combinar no sólo los tejidos, sino también los colores.

 

Ahora bien, si dejamos de lado las leyendas, fue en 1946 cuando se realizó el primer trasplante de un órgano en el que el receptor sobrevivió: fue un injerto temporal de riñón en un brazo, que se llevó a cabo en Boston.

 

Ocho años después, también en Boston, se haría el primer trasplante de riñón intra-abdominal -tal como lo conocemos hoy- entre dos gemelos idénticos.

 

Ya no se trataba de milagros sino de ciencia, aunque tenemos que admitir que cada trasplante -con todo el componente científico que implica- ¡sigue pareciendo un milagro!

 

¡Cuánto ha avanzado la medicina en estas más de seis décadas!

 

 

Gracias a esos avances, hoy contamos con procedimientos tan sofisticados que permiten trasplantar todo tipo de órganos, salvando la vida de miles de personas.

 

Todavía recordamos, por su resonancia mundial, el primer trasplante de corazón que logró en 1967 el médico sudafricano Christian Barnard.

 

Pero la ciencia nunca deja de asombrarnos. El año pasado conocimos el primer trasplante total de cara, logrado por médicos de un hospital en Barcelona.

 

Colombia -lo digo con orgullo- ocupa hoy un honroso lugar en la lista de países que lideran el trasplante de órganos.

 

La experiencia y los procedimientos novedosos que han desarrollado nuestros médicos nos han permitido tener un alto grado de reconocimiento en el desarrollo de esta práctica.

 

Una prueba de esto es que somos el primer país del mundo en realizar con éxito trasplantes de tráquea y de laringe.

 

También ocupamos el segundo puesto en trasplante de corazón y de hígado en América Latina, el tercero en trasplante de riñón y, además, contamos con los mejores bancos de tejidos de toda la región.

 

Todos estos logros son una prueba más de la capacidad que tenemos en nuestro país para desarrollar prácticas innovadoras que nos permitan alcanzar los mejores resultados.

 

Por eso, para mí, como Presidente de Colombia, venir a este congreso tiene un significado especial.

 

No sólo por la importancia misma de este evento, sino porque el hecho de que nuestro país haya sido escogido como sede implica un reconocimiento a ese trabajo que nos ha llevado a ser líderes en la región.

 

En Colombia, desde 1988, cuando se expidió la primera ley sobre el trasplante de órganos, hemos avanzado mucho en este campo.

 

El más significativo fue la creación de la Red Nacional de Donación y Trasplantes, en el 2004, una red que integra a los Bancos de Tejidos, a las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud que cuentan con programas de trasplante, al Instituto Nacional de Salud, y a otras entidades que tienen que ver con el tema.

 

Desde ese año, a través de la misma ley, se reglamentó la prestación de servicios de trasplante a extranjeros no residentes en Colombia.

 

Con esa reglamentación logramos controlar el fenómeno del turismo de trasplantes que se venía presentando en el país y sobre el que la Organización Mundial de la Salud nos alertó en el 2007.

 

Hoy todos los extranjeros que vienen en busca de órganos deben cumplir con los requisitos de asignación de las listas de espera.

 

Estas normativas que se han desarrollado, y el esfuerzo de todas las personas vinculadas con este tema, han hecho posible que en el 2010 se hayan realizado más de mil trasplantes en el país.

 

Sea éste el momento para hacer un reconocimiento a los médicos de Medellín, especialmente los del hospital San Vicente de Paúl, quienes han liderado con éxito los trasplantes de tráquea y laringe a los que me referí antes, y en los que somos pioneros.

 

En Bogotá, Cali, Barranquilla y Bucaramanga también se han realizado trasplantes novedosos, como el de corazón-pulmón.

 

La mayoría de estos trasplantes han sido posibles gracias a la donación, esa decisión noble y admirable que realizan a diario los familiares de las personas que fallecen, cuando no lo hace el mismo donante en vida, con la generosa previsión de dar a otros lo que ya no nos servirá.

 

 

La Madre Teresa de Calcuta decía:

‘No deis sólo lo superfluo, dad vuestro corazón'.

 

De una manera casi literal, los donantes o sus familias dan el corazón -y mucho más- al posibilitar que otros vivan o mejoren su calidad de vida gracias a un trasplante.

 

Esa voluntad de ayudar a otros fue la que motivó el año pasado, en nuestro país, a las familias de 570 personas, quienes tomaron la decisión de donar sus órganos.

 

Y digo las familias porque son casi siempre éstas quienes toman la decisión final.

 

Tristemente, el 25 por ciento de las familias de los fallecidos se niegan a la donación, sin caer en cuenta de que una sola persona que done sus órganos puede salvar más de cinco vidas.

 

Por eso estamos trabajando en una campaña de concientización de las familias en nuestro país para cambiar esta mentalidad.

 

También somos conscientes de la necesidad de aumentar el número de donantes carnetizados.

 

Hoy por hoy, más de 100 mil colombianos tienen este documento que los acredita como donantes.

 

No más el año pasado 37 mil personas lo solicitaron.

 

Pero no basta con tenerlo; es muy importante contarles de nuestra decisión a los allegados, porque en muchos casos la familia no lo sabe y se pierde toda la buena intención.

 

Pensando en esto, y para que no haya lugar a confusiones, yo quisiera aprovechar este evento para anunciar -y que quede claro- que yo también tengo mi carné de donante, y que me siento muy orgulloso de llevarlo conmigo.

 

Ojalá muchos más colombianos fuéramos poseedores de este carné, que puede hacer la diferencia en las vidas de tantas personas.

 

Sólo así lograremos ayudar a los más de mil colombianos que todos los días se levantan con la ilusión de conseguir un órgano que les permita vivir más y mejor.

 

Lograr que estas metas se hagan realidad será una tarea que acompañaremos con una política pública que estamos construyendo de forma participativa.

 

El Instituto Nacional de Salud está convocando a la ciudadanía para participar en su formulación, a través de un proceso al que ha llamado Democracia en Línea.

 

El aporte de todos será fundamental para desarrollar estrategias que nos permitan seguir avanzando en este tema y alcanzar a Uruguay, el país con mayor número de donantes en América Latina.

 

Si cumplimos las metas que ya mencioné y logramos aumentar la tasa actual de donación de menos de 12 a 17 personas por millón de habitantes, habremos cumplido satisfactoriamente la tarea.

 

No podemos olvidar que hoy construimos el mundo en el que viviremos mañana, y eso nos obliga a ser responsables.

 

Precisamente, en nuestro Gobierno estamos buscando conjugar dos metas: una salud de mejor calidad para los colombianos, y una mayor investigación científica que permita avances, como los que hoy registramos en el mundo de los trasplantes.

 

Para lo primero, hemos expedido una ley de Reforma de la Salud que permitirá que, al finalizar este cuatrienio, se unifiquen los regímenes de salud, y además facilita el acceso de los pacientes a tratamientos de alto costo, cuando así lo determine un comité de expertos.

 

Debo resaltar que Cartagena y Barranquilla han sido pioneros en la universalización y unificación de los planes de beneficios de salud para su población, y que ya hemos avanzado -a nivel nacional- con los menores de edad.

 

Hoy, en Cartagena, quiero anunciar otro paso hacia la unificación total: ESTE AÑO VAMOS A UNIFICAR LOS PLANES DE BENEFICIOS DE LOS REGÍMENES DE SALUD PARA TODOS LOS COLOMBIANOS MAYORES DE 60 AÑOS.

 

Así como lo estamos logrando con los menores de edad, queremos proteger a este sector de la población, que es uno de los que presenta mayores afecciones de salud.

 

Con esta medida beneficiaremos a por lo menos 2 millones de colombianos mayores de 60 años, que hoy están en el régimen subsidiado y que tendrán el mismo plan de beneficios del régimen contributivo.

 

En el campo de la investigación, estamos promoviendo una Reforma a las Regalías que destina el 10 por ciento de las mismas a programas de investigación y tecnología en las regiones.

 

¡Esperamos que muchos de esos cuantiosos recursos vayan a instituciones médicas regionales para promover desarrollos novedosos en esta área tan importante de los trasplantes!

 

 

Apreciados amigos:

 

Quiero agradecer y felicitar al doctor Rafael Riveros, quien preside la sesión inaugural de este congreso, por su labor y sus aportes en este tema.

 

No exagero si les digo que al doctor Riveros lo conozco desde hace casi medio siglo.

 

Él y yo estudiamos juntos la secundaria en el Colegio San Carlos y ambos lideramos una especie de rebelión que llevó a cerca de 15 alumnos a dejar las aulas en Bogotá para irnos a estudiar a la Escuela Naval de Cadetes en Cartagena.

 

Finalmente yo fui el único que terminó el bachillerato en la Armada, y luego seguimos carreras distintas: en mi caso, la de economía, y en el de Rafael, la de medicina.

 

¡Qué grato coincidir, tantos años después, en este escenario inmejorable!

 

Rafael, como el cirujano eminente que es, y yo -¡quién lo dijera!- como Presidente de la República.

 

A todos los asistentes a este Congreso Latinoamericano de Trasplantes no me queda más que reiterarles la más cálida bienvenida a Cartagena y desearles muchos éxitos en este simposio.

 

 

Y quiero agradecerles por todo el bien que hacen a sus pacientes y, a través de ellos, a la humanidad.

 

Porque, si hemos alabado la generosidad de quienes donan sus órganos, tenemos que aceptar que nada de esto sería útil, nada de esto tendría sentido, sin el esfuerzo, la dedicación y la tenacidad de ustedes: los cirujanos y científicos.

 

Nada de esto sería posible sin los médicos trasplantistas: los únicos capaces de hacer realidad -en pleno siglo XXI- el milagro de San Cosme y San Damián.

 

Muchas gracias".

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