El San Vicente se creó como el resultado de una virtud: la generosidad

El San Vicente se creó como el resultado de una virtud: la generosidad

Hace cien años se fundó aquí en nuestra tierra, en nuestra querida ciudad de Medellín, el Hospital de San Vicente de Paúl, que hoy es el centro de un conjunto de cuatro entidades que llamamos San Vicente Fundación, completada ésta con Corpaul, el Instituto de Alta Tecnología Médica y el Hospital de San Vicente de Paul de Rionegro, Centros Especializados.

El San Vicente se creó como el resultado de una virtud: la generosidad. Y para hacerla visible, se hizo un hospital con sus puertas abiertas. Les cuento que así lo quisieron don Alejandro Echavarría y sus compañeros de propósito. La promesa que se hizo en aquel entonces era clara: nunca se cerrarán las puertas de esta casa a ningún hijo de estas tierras, y nunca se cerrará tampoco a ningún niño, ni a ninguna madre, ni a ningún hombre, sean ellos de donde sean, y que estén solos y sientan miedo ante su posible destino, o que sientan desamparo, o que sientan tristeza o dolor; a ninguno se le cerrarán las puertas de este albergue, nunca. Esta casa, que es la casa del Gran Sanador, mantendrá sus puertas abiertas para la gente. Y aquí, todos ellos deben encontrar en sus salas y pabellones, en sus recintos y lugares, la mano bondadosa, acompañada de la palabra amable y del consuelo ansiado.

Porque aunque la bondad no debería tener sitio exclusivo para ser bondad, así como a la ternura tampoco se le exige sitio para ser ternura, en estos lugares y pabellones son destinados para entregar ternura y bondad. Porque en realidad para eso siempre es un hospital: para la bondad y la ternura; como también lo es, claro está, para curar cuando ello puede hacerse, y siempre, siempre es para dar y recibir consuelo, para hacer sentir compañía, para recibir afecto, tal cual como se recibe un bálsamo refrescante, maravilloso y sanador.

Y un hospital también es para espantar soledades, de esas espantosas, que aterran, que invaden el alma como una tintura que cae en el agua limpia; y es para llenar silencios y vacíos que pueda padecer el alma y que se sienten con espanto, y llegan hasta allá, profundamente, casi hasta la nada.

Para ser bienvenido acá no se precisan áreas ni espacio; ni salas ni recintos; ni permisos ni afiliaciones, porque en realidad toda afiliación es excluyente, y una afiliación para un derecho es odioso. Se requiere, sí, de quien espera, de nosotros, sus habitantes, tener un corazón bondadoso, un corazón anhelante de amar, ya que derivado del amor, todo se da. Por eso se ha dicho: ama y haz lo que quieras.

Porque en el contexto del amor, todo es bien, allí, en ese mundo maravilloso y deseado por todos, pero que con frecuencia dejamos que se desdibuje ante nuestros ojos, todo es bien y virtud. Y también se ha dicho, con razón, que el amor compromete amablemente y por entero la libertar, porque hasta allá llega el amor, hasta comprometer la libertad, claro, si uno lo permite, y la compromete sin causar dolor ni fatiga; sin agobio ni lamento alguno, sin desdicha y sin aflicciones. Ese es un compromiso dulce y grato, generoso y repleto de bondad.

Y en realidad esto explica porque por este hospital de puertas abiertas, han llegado miles de hombres y mujeres entristecidos, y miles de niños con sus madres angustiadas, todos haciendo el esguince a lo que les es contrario a sus esperanzas, es decir a trámites y esperas, depósitos y fiadores. Y sobre ellos, sobre los enfermos, Dios ha tendido generosamente su mano, la misma mano que tocó el corazón de los que con agrado abrieron su pecho aquel día 16 de mayo de hace cien años, para consentir en albergar allí, en la verdad de sus almas, la bondad y la compasión, y para sentir naturalmente el suficiente aliento para poner lo suyo para que un siglo después, hoy, ellos, los fundadores, fueran un paradigma emocionante y cautivador. Un ejemplo. Seres admirables.

Literalmente miles de personas han apoyado esta tarea del Hospital Universitario de San Vicente Fundación. Y miles y miles han creído en ella, y por ello les debemos una gratitud especialísima. Benefactores, entidades de sectores público y privado, Universidades, principalmente mi Universidad de Antioquia, proveedores, médicos, enfermeras, administradores y todos, todos los demás profesionales y colaboradores, han puesto su entusiasmo, y con su esfuerzo y persistencia han hecho posible nuestra labor; a todos les reiteramos nuestro sincero sentimiento de gratitud.

Y luego, con el tiempo por venir, quiera Dios que lleguen muchos otros con abundante gozo a continuar una tarea que está mandado, debe ser perpetua.

Por su parte los pacientes nunca han dudado de nuestra intención ni de nuestro saber puesto a su alcance sin reticencias y sin condiciones. Para ellos es y será esta casa a diario bendecida por Dios, y estimada por ellos como su oportunidad ansiada.

Como ya lo sabemos, la presencia de los enfermos aquí no es para nosotros ninguna carga ni ningún agobio, es, para todos nosotros una expresión de la bondad de Dios, a la vez que entendemos el trabajo diario con ellos como una propuesta de amor.

El Hospital Universitario de San Vicente Fundación va de la mano de Dios, como debe ser, sencillamente como debe ser, porque ésta es su obra. El gran Sanador, aquí, ha puesto sus ojos y aquí ha prodigado su amor. Y todos los que en El creemos, hemos sido sus manos y sus medios para que la soledad no mate, para que el interés material no aísle y para que la rudeza y el tecnicismo el no ofenda a quien por sus dolencias de antemano está afligido.

Entonces, damas y caballeros, que Dios permita que esta casa centenaria que El ha creado para hacer el bien y repartir amor, siga siendo eternamente conducida por tu mano bondadosa, para bien de todos los que buscan consuelo, serenidad y compañía hasta la llegada de lo inapelable; y que El también permita que aquí se continúe congregando el afecto y la bondad como el mejor bálsamo y el más dulce y eficaz lenitivo. Y que sea así eternamente. Muchas gracias.

 

Medellín, 29 de noviembre de 2013

Discurso del Dr. Julio Ernesto Toro Restrepo, Director del Hospital Universitario de San Vicente Fundación durante el acto de celebración de 100 años.

 

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